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Várices y hemorroides: dilatación venosa durante el embarazo
El embarazo imprime cambios profundos en la circulación venosa. Las várices y hemorroides son su manifestación más visible — y más molesta. Hay mucho que se puede hacer.
Desde el punto de vista cardiovascular, el embarazo produce un aumento notable del volumen sanguíneo, una disminución progresiva de la tensión arterial y una relajación del músculo liso de arterias y venas. Esta relajación venosa, sumada al útero en crecimiento que comprime el retorno venoso, crea las condiciones perfectas para la dilatación varicosa.
Por qué el embarazo produce várices en las piernas
El útero en crecimiento comprime progresivamente las venas ilíacas y la vena cava inferior, dificultando el retorno de la sangre desde las piernas hacia el corazón. Este aumento de presión venosa, combinado con la relajación de las paredes venosas por la progesterona y el aumento del volumen sanguíneo (40–50% más que fuera del embarazo), produce la dilatación varicosa.
Los factores que aumentan el riesgo personal: historia familiar de várices, múltiples embarazos previos, trabajos que requieren permanecer de pie muchas horas, y el propio sobrepeso gestacional.
Tipos de dilatación venosa en el embarazo
- Várices en miembros inferiores: las más conocidas — venas azuladas visibles bajo la piel, especialmente en pantorrillas y muslos
- Várices vulvares: menos conocidas pero frecuentes — dilatación de las venas de los labios mayores; molestas pero no peligrosas
- Telangiectasias (arañas vasculares): dilataciones capilares superficiales en piel, frecuentes en cara y piernas — estéticamente molestas, inofensivas
- Hemorroides: várices del plexo hemorroidal anorrectal (ver más abajo)
Hemorroides en el embarazo
Las hemorroides se producen por el aumento de la presión sobre las venas hemorroidales de la región anorrectal. El útero en crecimiento obstruye las vías de drenaje venoso de la pelvis, la misma causa de las várices en las piernas. El estreñimiento — muy frecuente en el embarazo — agrava la situación porque cada esfuerzo evacuatorio aumenta la presión abdominal y dilata aún más las venas hemorroidales.
El embarazo ocasiona hemorroides en la gran mayoría de las pacientes en algún grado. La buena noticia es que la mayor parte resuelve espontáneamente después del parto.
Síntomas y señales de consulta
- Pesadez, tensión o ardor en las piernas, especialmente al final del día
- Edema de tobillos y pies (parcialmente fisiológico)
- Calambres nocturnos en pantorrillas
- Prurito (picazón) a lo largo de las venas visibles
- Hemorroides: prurito anal, sensación de peso, sangrado rojo brillante al evacuar
Señales que requieren consulta urgente: dolor intenso, enrojecimiento y calor en una extremidad (sospechar tromboflebitis o trombosis venosa profunda), sangrado hemorroidal abundante.
Tratamiento y alivio
📋 Tromboflebitis vs trombosis venosa profunda: la distinción que importa
La tromboflebitis superficial (inflamación y coágulo en una vena superficial varicosa) se manifiesta como una zona roja, dura, caliente y dolorosa a lo largo del trayecto de una variz. Es molesta pero rara vez peligrosa.
La trombosis venosa profunda (TVP) es diferente y más grave: dolor en pantorrilla, edema asimétrico de la extremidad, y enrojecimiento difuso. El embarazo aumenta el riesgo de TVP por los cambios en la coagulabilidad. Si existe sospecha de TVP, la consulta es urgente — el diagnóstico se hace por eco-Doppler venoso y el tratamiento requiere anticoagulación.
📋 ¿Puedo hacerme tratar las várices durante el embarazo?
Los tratamientos definitivos para várices (escleroterapia, láser endovenoso, cirugía) se posponen para después del parto en la mayoría de los casos, ya que muchas várices gestacionales mejoran o desaparecen en las primeras semanas postparto. Si después del parto y la lactancia persisten várices significativas, podemos hacer la derivación correspondiente para tratamiento definitivo.
¿Las várices o hemorroides están afectando tu calidad de vida durante el embarazo? Evaluemos juntos las opciones de manejo.
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