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Llanto incontenible:
los terribles cólicos
Qué son realmente, por qué ocurren, cómo manejarlos y cuándo preocuparse.
El llanto incansable del bebé —usualmente en horas de la tarde— lo hemos llamado cólico. Pensamos que son contracciones abdominales dolorosas porque el bebé llora, se estira, aprieta los puños y se torna inconsolable. Lo cierto es que no sabemos con certeza si el recién nacido realmente tiene dolor abdominal. Quizá nunca lo sabremos.
¿Qué son realmente?
El Dr. Morris Wessell describió los cólicos infantiles en 1954 y su trabajo sigue vigente simplemente porque, a pesar de los avances tecnológicos, seguimos sin saber exactamente de qué se trata. La hipótesis más razonable no es el dolor abdominal, sino la acumulación explosiva de información sensorial en un organismo neurológicamente inmaduro e incapaz de procesarla.
El feto vivía en un medio controlado, sin esfuerzo. Repentinamente se expone a todo tipo de estímulos sensoriales externos, acumula, aprende, se sobrecarga y drena en la única manera que puede hacerlo: llanto y contracciones descontroladas. Esta hipótesis explicaría por qué los cólicos no ocurren al nacer sino 2 semanas después — cuando ya hay mayor interacción con el exterior — y por qué ceden al desarrollarse conductas con más sentido, como la sonrisa social.
Criterios de Wessell (Regla de los 3s)
- Llanto de al menos 3 horas de duración, por al menos 3 días a la semana, por al menos 3 semanas.
- Inicio a partir de las 2 semanas de nacido, usualmente hasta los 3–9 meses.
- Pico sintomático entre las 6 y 8 semanas.
- Crisis a predominio vespertino.
- Bebé sano y bien alimentado — los cólicos no son una enfermedad.
- La distensión abdominal y los gases son por aerofagia (tragar aire durante el llanto), no evidencia de dolor intestinal.
▸ Factores de riesgo asociados
- Sensibilidad inusual a los estímulos, inmadurez neurológica
- Inmadurez digestiva
- Tabaquismo materno durante el embarazo
- Alimentación muy rápida, biberones de alto flujo, intolerancia a las fórmulas, alergias alimentarias, reflujo
- Bajo peso al nacer
- Padres muy ansiosos
Efectos sobre los padres
No es un tema menor. Los cólicos generan frustración, abandono de la lactancia, cansancio crónico, insomnio, falta de concentración, depresión posparto, sensación de incompetencia, y en casos extremos aumentan el riesgo del Síndrome del Bebé Sacudido. Esto último es lo más importante a prevenir.
Manejo: medidas generales
Debido a que se desconoce la causa exacta, el tratamiento es de soporte. La buena noticia: es autolimitado y eventualmente los padres aprenden la mejor manera de calmar a su bebé.
- Carga a tu bebé y dale cariño — colócalo cerca de tu corazón para que oiga el sonido más reconocible para él.
- Camina con él en brazos, baja la intensidad de las luces y susúrrale palabras o canciones.
- La vibración calma: un paseo en carro, o colocar el moisés junto a la lavadora o secadora en funcionamiento.
- Masajea el abdomen en sentido de las agujas del reloj.
- Coloca compresas o almohadas tibias en el abdomen.
- Prepara un baño tibio.
- Saca bien los gases después de cada comida.
- Si sientes el impulso de sacudir al bebé: colócalo en la cuna y sal de la habitación hasta calmarte.
Dieta y fórmula
En lactancia materna: de 742 estudios analizados, solo 22 fueron científicamente relevantes. La mayor reducción del llanto (hasta 37%) se asoció con dietas hipoalergénicas maternas que eliminaron lácteos, pescados, maní, huevo, frutos secos, trigo y soya.
En lactancia artificial: la evidencia más fuerte apoya el uso de fórmulas hidrolizadas y en segundo lugar las basadas en proteína de soya. En alergia a proteína de leche de vaca, no usar soya por riesgo de sensibilización cruzada.
¿Y los medicamentos?
Tienen poca cabida en esta condición. Muchos autores recomiendan no medicar al bebé — esto incluye antiespasmódicos, antiflatulentos y preparaciones homeopáticas. La evidencia de beneficio es escasa y los riesgos no son despreciables.
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