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Las mamas durante la lactancia:
mastitis puerperal
Anatomía mamaria, cambios en el embarazo y el posparto, y todo sobre la complicación infecciosa más frecuente de la lactancia.
La mastitis puerperal es la patología infecciosa más frecuente del posparto y probablemente la causa más común de infecciones mamarias en la vida de una mujer. La buena noticia: su manejo es muy sencillo, y en casi todos los casos no es necesario suspender la lactancia.
Anatomía básica de la mama
Las mamas se desarrollan en la "Línea de la Leche" de los mamíferos —desde las axilas hasta las ingles— pero en la mujer están localizadas en el tórax anterior sobre los músculos pectorales. Están compuestas por 15–20 lóbulos glandulares separados por grasa, que drenan la leche por igual número de conductos galactóforos que se abren en el pezón.
Rodeando el pezón está la areola, en cuya superficie se ven unos 20–25 pequeños nódulos llamados tubérculos de Morgagni —glándulas sebáceas que lubrican el complejo areola-pezón, especialmente importantes durante la lactancia.
Cambios durante el embarazo
Durante el embarazo las mamas son estimuladas para adquirir las condiciones que les permitirán nutrir al recién nacido:
- Aumento de vascularidad y congestión discreta.
- Crecimiento de los lóbulos glandulares y mayor contenido de grasa.
- Dilatación del sistema de canalículos y conductos galactóforos.
- Crecimiento y pigmentación del pezón, la areola y los tubérculos de Morgagni.
La "bajada de la leche" tras el parto
En las primeras 24–48 horas después del parto o cesárea, por efecto de la oxitocina y la prolactina junto con los primeros intentos de succión, se activa toda la maquinaria glandular. Las mamas se presentan aumentadas de volumen, congestivas, duras, hipersensibles, calientes y dolorosas. Puede acompañarse de fiebre de 38–38.5°C. Este cuadro es normal —algunos autores lo denominan mastitis congestiva aunque no haya infección real. Cede rápidamente una vez que la madre empieza a amamantar o usa el tiraleche para aliviar la presión.
Mastitis puerperal: la infección real
La mastitis es un proceso inflamatorio mamario por infección bacteriana. Es más frecuente durante la lactancia, cuando los cambios anatómicos y el trauma de la succión hacen la mama más susceptible. La mayoría de los casos que he manejado ocurrieron entre la segunda y la sexta semana posparto. La infección es usualmente unilateral.
¿Por qué ocurre?
Bacterias de la piel —principalmente Staphylococcus aureus— ingresan a través de pequeñas fisuras y excoriaciones de la areola y el pezón producidas por la succión del bebé. La leche acumulada en los conductos sirve de medio de cultivo.
¿Cómo se manifiesta?
- Dolor en algún sector de la mama, especialmente cuadrantes externos.
- Calor y enrojecimiento localizado en forma triangular sobre el sitio de infección.
- Episodios de escalofríos y fiebre (38–39.5°C).
- Dolor intenso al tacto o al amamantar; algo de alivio al vaciar el seno.
- En algunos casos es posible exprimir pus a través de orificios del pezón.
Diagnóstico
El diagnóstico es clínico. Aunque podría hacerse por teléfono, siempre prefiero examinar a la paciente para determinar el grado de afección, descartar complicaciones y seleccionar el tratamiento correctamente.
Tratamiento
Tu médico te indicará antibióticos, analgésicos e instrucciones específicas. La medida más efectiva es vaciar completamente los senos con regularidad: amamantando, manualmente o con tiraleche. Además:
- Toma abundantes líquidos durante el día.
- Usa analgésicos para controlar el dolor y la fiebre.
- Continúa dando el pecho — la lactancia se mantiene usando los antibióticos. Al bebé no le pasa nada.
- Comunícate con tu médico a las 48 horas de iniciar el antibiótico: para entonces ya no deberías tener fiebre y el dolor habrá mejorado notablemente.
- Si pasadas las 48 horas no hay mejoría, visita al especialista.
Complicación: el absceso mamario
Si la mastitis se trata tardíamente, puede formarse una cavidad llena de pus —el absceso mamario— que afecta a entre el 5–11% de las mujeres con mastitis. La mama aparece muy inflamada, caliente, con zona muy roja y dolorosa, y la paciente tiene aspecto de enferma con malestar general y fiebre. El absceso requiere drenaje quirúrgico o por punción guiada por ecografía, y en ese caso sí se suspende transitoriamente la lactancia del lado afectado (aunque se sigue extrayendo leche para evitar mayor congestión).
⚠ Imágenes clínicas — mastitis puerperal severa (contenido médico)
Las imágenes del caso de mastitis severa muestran la progresión desde el área enrojecida triangular inicial hasta la necrosis del pezón y compromiso bilateral. El caso fue causado por una mezcla de bacterias resistentes (estafilococos) y hongos (cándida) y requirió suspensión de la lactancia. Estas imágenes están disponibles en el artículo original de maternofetal.net para fines médico-educativos.
Medidas durante la mastitis
▸ Lista completa de medidas a tomar
- Continúa dando pecho, empezando por el lado afectado.
- Si el bebé no quiere mamar del pecho afectado o tus molestias son muy severas, vacía ese seno con el tiraleche.
- Considera reposo en cama por unas 48 horas.
- Toma muchos líquidos y disminuye tu ingesta de sal.
- Usa los analgésicos/antipiréticos indicados para controlar molestias y fiebre.
- Compresas frías para controlar la inflamación inicial; luego, compresas tibias para estimular el descenso de la leche.
- Masajea la mama desde la base hacia el pezón para ayudar el drenaje.
- Evita sostenes apretados, con ballenas o pezoneras rígidas.
- Lávate las manos antes y después de manipular el seno infectado.
- Evita posiciones de lactancia en las que el bebé tenga que halar mucho el pezón.
Cómo prevenir la mastitis
- Aseo frecuente del pezón y la areola con agua — sin jabones ni alcohol (resecan la piel y eliminan la grasa lubricante natural).
- Amamanta frecuentemente; evita dar biberón innecesariamente para no interrumpir el vaciado.
- No uses sostenes excesivamente apretados.
- Si trabajas, usa el tiraleche regularmente para evitar congestión mamaria.
- Al finalizar cada mamada aplica una gotita de vitamina E en cada pezón para mantenerlo hidratado.
- Toma muchos líquidos durante el día.
- Si tienes algún síntoma fuera de lo usual: comunícate con tu médico. Nunca es bueno automedicarse sin evaluación especializada.
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